Conversaciones intersticiales 09: Martha Schteingart


A continuación presentamos la transcripción de una charla que tuvimos con Martha Schteingart, una de las figuras más reconocidas en el ámbito de los estudios urbanos en América Latina. Foto: David Davis/Shutterstock

The following is a transcript of a conversation we had with Martha Schteingart, one of the most recognized researches on urban issues in Mexico and Latin America. Image: David Davis/Shutterstock


Martha Schteingart es una de las investigadoras más reconocidas del ámbito de los estudios urbanos en América Latina. Cursó la carrera de Arquitectura en la Universidad de Buenos Aires y posteriormente realizó estudios de posgrado en la Universidad de París. Ha publicado 22 libros y más de 140 artículos especializados sobre temas relacionados con vivienda, usos de suelo urbano, segregación socioespacial, pobreza, políticas públicas, servicios urbanos y medio ambiente. A lo largo de su carrera ha colaborado extensamente con distintas instituciones académicas de Europa, Estados Unidos y América Latina, dictando cursos, conferencias y coordinando proyectos de investigación. Actualmente es profesora-investigadora del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales (CEDUA) de El Colegio de México y miembro honorario del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). En 2007 recibió el premio UN-HABITAT Lecture Award, otorgado por el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos.

1. A lo largo de su experiencia investigando los problemas habitacionales de América Latina, le ha tocado vivir momentos políticos muy distintos. Desde el Estado benefactor de los años 70 hasta las políticas neoliberales actuales. No obstante, los grandes desafíos habitacionales parecen ser los mismos. A muy grandes rasgos, ¿qué balance puede hacer de la transformación de las políticas habitacionales a lo largo de las últimas décadas?

Cuando yo empecé a estudiar las políticas de vivienda durante los años setenta, lo que veía era un aumento de la participación del Estado con la creación de varios programas importantes, los llamados fondos de la vivienda, dentro de los cuales estaban el Infonavit, el Fovissste y el Fovi. El origen de los ingresos era una especie de impuesto que tenían que pagar los trabajadores y los patrones, tanto del sector privado como del sector público. Tenían que pagar un 5% del ingreso de los trabajadores con el objetivo de formar un fondo para la vivienda. En cambio, los fondos del programa financiero de los años sesenta provenían de recursos bancarios. El gobierno había impuesto a los bancos la obligación de destinar una parte de los recursos que provenían de los ahorradores, a una tasa más baja de interés, para dar créditos a vivienda de interés social. Sin embargo, estos créditos eran más bien para gente de la clase media y media baja, pero no alcanzaba, en general, a llegar a los trabajadores. Con la creación del Infonavit durante el gobierno de Echeverría, mucha más gente tuvo acceso a una vivienda aceptable y terminada, en conjuntos habitacionales que se hicieron en distintos lugares del país. Pero estos programas de vivienda nunca cubrieron al total de la población. En primer lugar, porque la cantidad de vivienda no correspondía con la demanda de la gente. Y en segundo lugar, porque atendían a la demanda solvente y a pesar de que llegaban a sectores más bajos (de uno o dos salarios mínimos), no cubrían a toda la población. No cubrían a aquella gente que pertenecía al sector informal y que por falta de un salario fijo carecía de condiciones para hacer frente a un pago mensual que permitiera amortizar el crédito. De ahí surgió la problemática de la urbanización popular y de los asentamientos irregulares. Muchas de las personas que no tenían acceso a un crédito del gobierno no tuvieron otro remedio que ocupar ilegalmente terrenos y hacer su vivienda a través de procesos de autoproducción o de autoconstrucción. En los setentas, cuando yo empecé a estudiar estos temas, sí se veía un esfuerzo por parte del Estado de llegar a más sectores de la población, aunque no los cubrían totalmente. A partir de finales de los ochenta y de principios de los noventa, con el surgimiento de las políticas neoliberales, se fueron limitando las acciones del gobierno con respecto a los sectores de menores recursos. Hoy en día no vemos una caída en la producción de vivienda (durante el sexenio de Vicente Fox aumentó el número de viviendas producidas), pero sí un desplazamiento de los sectores sociales de menores ingresos. Al mismo tiempo, el único programa de vivienda popular del gobierno (el Fondo Nacional de Habitaciones Populares, que se creó a principios de los ochenta y que tuvo en la segunda mitad de los ochenta un fuerte apoyo del Banco Mundial), prácticamente desapareció cuando empezaron los noventas. Este era un programa que sí cubría a personas que no tenían un trabajo fijo y el único que se realizó para familias del sector informal. Durante el gobierno de Fox se insistió en que el programa de vivienda era muy bueno porque se hicieron muchas viviendas. Pero prácticamente se quitaron los subsidios, de modo que las familias de menores ingresos ya no tuvieron acceso a una vivienda. El discurso del Estado, el discurso de los organismos de vivienda del Estado ha cambiado muchísimo desde los años setentas. En realidad, toda esa política de vivienda que empieza a darse a partir de los años noventa y que se va intensificando, está siguiendo los lineamientos del Banco Mundial, que dice que el Estado no se tiene que comprometer directamente con la política social, sino que tiene que facilitar el funcionamiento del mercado y dar cierto tipo de créditos, pero no subsidios. Este tipo de lineamientos está dañando mucho el acceso de la gente de menores recursos a la vivienda, sobre todo en México y otros países latinoamericanos, donde la distribución del ingreso no ha cambiado o incluso ha empeorado.


2. Actualmente se estima que en nuestro país, alrededor del 70% de la vivienda se desarrolla al margen del llamado “sector formal”. ¿Qué relevancia tienen disciplinas como la planeación urbana y la arquitectura en un contexto como este?

Creo que aquí hay dos problemas diferentes. Uno es que la gente, al carecer de acceso a una vivienda producida dentro del sector formal, no tiene otra opción más que crear asentamientos irregulares, un fenómeno que existe en prácticamente todos los países del tercer mundo. Esta gente no tiene suficiente ingreso para pagar un lote de terreno urbanizado ni un crédito de vivienda dentro de los diferentes programas disponibles. Entonces lo que hace es ocupar terrenos periféricos que en muchas ocasiones no son aptos para el poblamiento ni son legales. Hay diferentes situaciones por las cuales el acceso a este suelo no es legal. En algunos casos se trata de terrenos ejidales y comunales que antes de los cambios al artículo 27 de la Constitución no se podían vender. Hoy en día sí se puede pero tampoco de manera muy directa, hay que pasar por una serie de pasos complejos. También hay tierras de propiedad privada en los que se producen asentamientos irregulares porque no tienen un dueño claro o tienen una historia confusa en la tenencia de la tierra. Hay vendedores que se apropian de estas tierras y las venden, a pesar de que no pueden ofrecer un título de propiedad. Y además venden esta tierra sin servicios y sin cumplir con las leyes de fraccionamientos que existen en prácticamente en todos los estados de la República. Entonces la ilegalidad tiene diferentes orígenes, dependiendo de la forma por medio de la cual los pobladores accedieron al suelo. Pero yo no diría que es el 70%, sino alrededor del 50%. Depende de la ciudad. El Censo General de Población y Vivienda, que es la fuente de información más importante para entender lo que sucede con la vivienda en el país, no permite identificar a los asentamientos irregulares porque no se le pregunta a la gente. Entonces no existe una fuente de información a nivel nacional para poder identificar a los asentamientos irregulares y sólo se manejan cifras aproximadas. Pero todo esto está al margen de la arquitectura y del urbanismo, porque la ocupación de este suelo no se hace tomando en cuenta los planes de desarrollo urbano ni los reglamentos de construcción. En una primera etapa se hacen de manera ilegal y muy precaria, usando materiales de desecho como cartón o lámina. A medida que va pasando el tiempo la vivienda se va mejorando, ya sea ampliándola o reemplazando los materiales precarios por materiales más firmes. Es un proceso largo, debido a que las familias hacen su vivienda a medida que pueden y con sus propios recursos. Y muchas veces es un proceso costoso, porque la gente tiende a sobredimensionar las estructuras y a usar más material del necesario, que además no compran al por mayor sino de a poco.


3. Un tema sobre el que usted ha hecho mucho hincapié es la necesidad de vincular la investigación urbana con los procesos reales de gestión, planeación y construcción de las ciudades. ¿Cuáles son los principales obstáculos que impiden que se de esta conexión?

Hay diferentes tipos de investigación. Por un lado está la investigación que se hace en centros académicos que no están ligados directamente a la acción. Son investigaciones cuyo objetivo es producir conocimiento y aunque no se trata de investigación-acción, puede acercarse a la realidad de manera objetiva. Permite mostrar los distintos aspectos de una realidad compleja y explicar las causas de ciertas situaciones. Y tiene una gran utilidad, porque pone sobre la mesa los problemas y sus causas. Estas investigaciones han servido al sector público para llamar la atención sobre ciertos problemas y para tratar de evitar ciertos abusos y ciertas problemáticas (aunque a veces no se pueden evitar porque hay otras influencias que inciden en las políticas públicas). Pero también está la investigación-acción que hacen las ONG, que en realidad es un tipo de estudio para la acción y que tiene una relación muy directa con la gente implicada. A pesar de que nosotros hemos hecho más énfasis en la producción de conocimiento, también hemos estado en contacto con la población para tomar conciencia directa de sus problemas y que ellos mismos hagan una evaluación de su situación.


4. Junto con los procesos de producción del hábitat, un problema que le ha preocupado a lo largo de los últimos años es la relación entre el medio natural y el medio urbanizado, en especial en la Zona Metropolitana del Valle de México. ¿Cuáles son, a grandes rasgos, los principales problemas a los que nos enfrentamos actualmente en términos de esta relación?

Los temas ambientales urbanos tienen que ver fundamentalmente con la contaminación del aire y del agua, con la generación de residuos y con un tema muy importante: la expansión urbana y la ocupación de áreas de conservación ambiental. Pero no todas las ciudades están rodeadas de zonas de interés ambiental. En el caso de la Ciudad de México es un tema muy importante porque el Valle de México tiene una gran riqueza ambiental que las políticas ambientales han buscado preservar a través de la creación de áreas naturales protegidas. En los últimos años la expansión urbana ha ocupado este suelo de conservación, lo cual ha generado una especie de enfrentamiento o choque entre el sector urbano y el sector ambiental que quiere preservar ciertas zonas. Se ha hablado de la integración de lo urbano y lo ambiental. Sin embargo, nosotros no hemos visto que exista consenso dentro del gobierno de la ciudad entre la gente que maneja la cuestión urbana y la gente que maneja la cuestión ambiental. Sobre todo hay un enfrentamiento entre el gobierno central de la Ciudad de México y los gobiernos de las delegaciones, que están en contacto directo con los sectores más pobres, los cuales ocupan ilegalmente las zonas de conservación. Y como no existe la posibilidad de darles otras opciones, hay cierta tolerancia del gobierno, lo cual genera que los asentamientos irregulares avancen sobre las zonas protegidas. En síntesis, existe un enfrentamiento entre las necesidades habitacionales de la gente pobre y la política ambiental que quiere proteger ciertos espacios periféricos de la ciudad.


5. Por último, parecería ser que los grandes problemas urbanos son tantos, tan diversos y tan antiguos como la ciudad misma. ¿Realmente tienen solución o simplemente son parte de la naturaleza de la ciudad?

No sé si la ciudad tiene solución total, pero hay muchas cosas que se pueden mejorar. Por ejemplo, sí se pueden mejorar las condiciones de vida de la gente de menores recursos para que no haya tantas diferencias sociales, las cuales son producto de las políticas neoliberales y de la globalización. Yo creo que sí se puede mejorar la ciudad, pero no se han querido aplicar ciertas medidas fuertes que hay que aplicar. Las grandes ciudades concentran muchas cosas importantes de la sociedad moderna y también tienen muchos problemas. Pero no son insalvables. No se van a solucionar todos los problemas, pero sí se puede mejorar.