Conversaciones intersticiales 07: Bernardo Gómez-Pimienta

Para la siguiente de nuestras conversaciones intersticiales, presentamos una entrevista con el arquitecto y diseñador mexicano Bernardo Gómez-Pimienta, quien amablemente nos recibió en su oficina para conversar acerca de su obra y trayectoria.

The following in our series of conversations is an interview with the Mexican architect and designer Bernardo Gómez-Pimienta, who kindly received us in his office to talk about his work and experience.



Bernardo Gómez-Pimienta nació en Bruselas en 1961. Ha estado trabajando como arquitecto desde 1987, combinando esta actividad con el diseño industrial y de producto. Es director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Anáhuac del Norte, miembro de la Academia Nacional de Arquitectura y del Sistema Nacional de Creadores del CONACULTA. En 2008 fue condecorado como Caballero de la Legión de Honor por la República Francesa y nombrado Miembro Honorario de la AIA (American Institute of Architects). Su trabajo es ampliamente reconocido tanto en México como en el extranjero, galardonado con el primer premio “Mies Van der Rohe latinoamericano” en 1998. Más de 80 premios se suman al reconocimiento de su labor como arquitecto y diseñador industrial. Entre los proyectos más reconocidos se encuentran la Escuela Nacional de Teatro-CNA, el Hotel HABITA, la renovación del Teatro de los Insurgentes, el Edificio de Servicios de TELEVISA Chapultepec y la Estación de Bomberos Ave Fénix, el Centro de Convenciones y Exposiciones JVC y el conjunto deportivo Educare en Guadalajara, Jalisco. Fue socio fundador y codirector de TEN Arquitectos en 1987 y hasta el 2003, año en el que inicia BGP Arquitectura.

1. Un tema que ha generado cierta controversia respecto de tu obra es el de su relación con el contexto sociocultural. ¿Cuáles son las principales conexiones a través de la cuales tu obra se relaciona con la realidad social, cultural, económica o política de nuestro país?

Es una pregunta bastante compleja. El tema de la “arquitectura mexicana” es algo que en México preocupa mucho. Y es muy curioso, porque no sucede en casi ningún otro país. Los franceses, por ejemplo, no tienen la idea de hacer “arquitectura francesa”; están interesados en hacer buena arquitectura. Lo mismo pasa con los ingleses, con suizos, con los holandeses o con los alemanes. Y en México seguimos con esta cuestión, que a mí me da bastante risa, de hacer “arquitectura mexicana”. Vivimos en un mundo cada vez más global, un mundo en el que las ideas circulan sumamente rápido. Sí existen condiciones diferentes, que implican una manera de enraizarse al lugar. Pero estas tienen mucho más que ver con un contexto inmediato: con las orientaciones, con el clima, con la calidad de la luz, etc. Esto es lo que a mí más me interesa resolver. No me preocupa si parece “mexicano” o no. Es un tema que resultó importante en el diseño de uno de nuestros proyectos más recientes: el Pabellón de México en el Salón del Libro de París. Es una feria muy importante, por la cual circularán 200 mil personas que terminarán pasando por el pabellón del invitado de honor, que en este caso es México. Y estas 200 mil personas, que es gente sumamente interesada en la literatura y en la cultura, no necesariamente conocen México. Entonces es interesante ver cómo muestras a tu país. En este sentido, la idea era mostrar un país joven, un país con energía, un país contemporáneo, un país intenso. Un país moderno que está viendo hacia adelante, pero que al mismo tiempo sabe vivir con la historia.

2. Tu relación con el objeto diseñado parece ser muy íntima y directa, incluso muy física. ¿Cómo describirías, en términos generales, esta relación?

Yo reflexiono y pienso con la mano, con el dibujo. Cuando estás dibujando es cuando estás pensando, cuando estás probando cosas y viendo si funcionan o no. Me preocupa que las nuevas generaciones estén perdiendo esta relación táctil con el croquis. La relación directa entre el cerebro y la mano es fundamental para los proyectos. Y esto se pierde con el mouse. No es lo mismo. A mí me tocó pertenecer a la generación del lápiz. La computadora es una herramienta valiosísima, pero no remplaza la posibilidad que el croquis ofrece de tener una comunicación directa entre la mano y el cerebro. Si no sabes dibujar a mano, no puedes dibujar en la computadora; la calidad del dibujo no será muy buena.

3. Otro aspecto importante de tu trabajo como diseñador tiene que ver con un traslado constante entre distintas escalas de trabajo. ¿Cuáles serían, por un lado, los principales beneficios de esta aproximación y por otro, los principales riesgos o desafíos?

Es una pregunta muy interesante. Antes de que existiera la especialización, los arquitectos trabajaban en distintas escalas de manera muy sencilla. Hacían diseño gráfico, hacían diseño industrial, hacían diseño de vestuario, hacían diseño de textiles. Y podían pasar de una a otra sin dificultad. El nivel actual de especialización me parece muy grave. Los arquitectos se dedican cada vez a menos cosas. Es parte del problema. Si te dedicas a una sola cosa y a un tipo de edificio, te empieza a costar mucho trabajo cambiar de escala y de programa. Creo que es fundamental poder estar cambiando. Te hace llegar con ojos frescos y con soluciones inesperadas. Cuando eres especialista, generalmente estás condicionado a ir hacia cierta solución. Estos cambios me parecen fundamentales y he tenido siempre la suerte de tener proyectos de muy diferente tipo. Pero al final el proceso en escalas tan variadas como un edificio y una silla implican una misma manera de pensar y de reflexionar. Cuando haces una silla se trata de cómo juntar seis piezas de cierta manera para hacer un nuevo objeto, que es diferente a cada una de las piezas originales. Y al hacer un edificio son seis mil. Pero al final es exactamente el mismo proceso. Obviamente hay complejidades mayores en un edificio que en una silla. Y sobre todo, en la arquitectura trabajas de manera colectiva, trabajas siempre en equipo. Cuando diseño una silla, la diseño en mi carpetita, en un cuaderno en el avión. Entonces es un trabajo mucho más individual o personal. Pero al final el proceso es exactamente el mismo, y la emoción también. La escala urbana sí sería diferente. Cuando haces una ciudad, eso es otra cosa.

4. Uno de los debates más antiguos es el que tiene que ver con su enseñanza y es un tema hacia el cual te has acercado mucho durante los últimos años. Si tuvieras la oportunidad de visualizar un esquema de enseñanza totalmente nuevo, ¿cuáles serían sus principales ejes?

La enseñanza de la arquitectura es una enseñanza de taller, en la que la relación entre el alumno y el profesor debe ser muy cercana. De alguna manera se trata de retomar lo que sucedía en la Edad Media, donde tenías los aprendices y el maestro. Te acercabas y después de trabajar durante muchos años, aprendías a ser arquitecto. De alguna manera sigue sucediendo lo mismo en las universidades, aunque de una manera más institucionalizada. El profesor da una asesoría o una dirección, pero el que está diseñando siempre es el alumno. Entonces de alguna manera se trata de retomar el ejemplo de los oficios de la Edad Media. Lo que es importante es que entre más veces hayas hecho el ejercicio más capaz eres. Si en la escuela hiciste cincuenta proyectos, vas a ser mucho más capaz que si hiciste treinta. Hay una anécdota de un profesor de Harvard al que le asignan la tarea de desarrollar un plan de estudios que incluya teoría, estética, construcción, instalaciones, expresión gráfica y demás... todos los diferentes campos que necesita dominar el arquitecto. Entonces empieza a trabajar y al final llega a la conclusión de que para poder tener los conocimientos completos necesarios para ser arquitecto, la carrera del alumno tendrá que ser de 26 años. Al final la carrera más o menos toma ese tiempo. Es un proceso de aprendizaje que no acaba nunca. Sigues aprendiendo todo el tiempo.

5. Si tuvieras que definir tu obra con una sola palabra, ¿cuál sería?

Quizás no sería una sola palabra. Tendría que ser alguna combinación de palabras en la que el proyecto acaba surgiendo de una serie de condiciones propias. Tengo una preocupación por tratar de resolver los problemas particulares de cada proyecto y no de dar una solución genérica. Cada proyecto tiene soluciones particulares que deben resolverse en cada caso.