Conversaciones intersticiales 06: Héctor Zamora

La siguiente es una conversación que tuvimos con el artista Héctor Zamora, y forma parte de nuestro proyecto permanente de entrevistas con arquitectos, urbanistas y artistas que viven o trabajan en nuestro país.

The following is an interview with the mexican artist Hector Zamora, which is part of our ongoing series of interviews with architects, urbanists and artists living or working in our country.




Héctor Zamora nació en la Ciudad de México en 1974 y actualmente vive en Sao Paulo. Estudió la licenciatura en diseño gráfico en la Universidad Autónoma Metropolitana y posteriormente una especialidad en Cubiertas Ligeras en la Universidad Nacional Autónoma de México. Como artista, ha participado en exposiciones individuales y colectivas en distintos foros y espacios, entre los que destacan la Bienal de Venecia, el Museo Carrillo Gil, la Galería Enrique Guerrero, la Bienal de Busan, la Casa del Lago, el Museo de Arte de San Diego y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. También ha recibido apoyos y becas de instituciones como The Garage Center for Contemporary Culture (GCCC Moscow), la Fundación Pollock-Krasner, la Fundación Cisneros Fontanals, la Fundación de la Colección Jumex y la Fundación BBVA Bancomer.

1. Tu formación inicial fue en el campo del diseño gráfico, aunque con el tiempo te has acercado hacia una suerte de hibridación entre arte y arquitectura. ¿A qué atribuyes esta peculiar transición y cuáles han sido los principales desafíos de este viaje interdisciplinario?

Antes de comenzar a estudiar diseño gráfico en la UAM Xochimilco (Universidad Autónoma Metropolitana), ya había realizado mis primeros “pininos” en el arte, trabajando en un grupo de performance formado por un equipo de amigos de mi colonia. Comencé en el campo de las artes como un juego. Era un buen pretexto para reunirnos a beber y a fumar, y al mismo tiempo crear nuestros performance, que fueron presentados en distintos espacios, desde fiestas privadas hasta la ENAH (Escuela Nacional de Antropología e Historia) o la Alameda. No sabría explicar qué fue exactamente lo que me llevó a trabajar con el espacio tridimensional. Pero desde el comienzo de mi relación con el arte y con el performance, me interesó el espacio y no sólo las imágenes. Por eso dejó de satisfacerme el diseño gráfico, aunque aprendí mucho de sus sistemas de elaboración de mensajes a escala masiva (pública). Al final, el diseño gráfico comparte con el arte una base medular. Ambos son comunicación. Al mismo tiempo, por estar en contacto con muchos amigos arquitectos y diseñadores industriales, siempre estuve cultivando mi sensibilidad hacia los volúmenes (objetos, construcciones, urbanismo) y hacia el universo en que estos fenómenos se desarrollan.

2. Se ha comentado con frecuencia que el gran protagonista de tu obra es el espacio. Pero da la impresión de que más que el espacio mismo, lo que te interesa es el espacio en función de las distintas interacciones sociales (individuo-espacio, individuo-individuo, individuo-espacio-individuo, etc.). En este sentido, tu obra parece violar nuestra relación operacional cotidiana con el entorno y abrir un abanico incierto de nuevos usos (lo que recuerda, de alguna manera, el concepto de “free space” de Lebbeus Woods). ¿Hasta qué punto buscas detonar una reflexión colectiva respecto a la manera en que entendemos y vivimos nuestra cotidianeidad?

Creo que para cualquier persona relacionada con las ciencias del espacio, sería un error considerarlo sólo como una descripción matemática “X, Y, Z”. Para mí el espacio es lo que tú comentas en tu pregunta y mucho más. Es infinito. Nosotros somos espacio. Formamos parte de él. Es en él donde existimos como ente físico y social. Sería imposible no verlo así. Y es así que mi trabajo busca interactuar con ese todo. Algunas veces consigue tocar una parte más grande y en otras se enfoca sobre puntos específicos, experimentando y buscando elementos que permitan estructurar el siguiente experimento. Es una investigación en proceso.

3. Una parte importante de tu trabajo parece estar enfocado a poner en tela de juicio los mecanismos convencionales a través de los cuales se produce el espacio habitable. En este sentido, ¿qué potencial real consideras que tiene el arte para transformar de manera positiva la calidad de vida en los asentamientos humanos contemporáneos?

No creo que mi trabajo tenga como objetivo central enjuiciar el tema de espacio habitable. Sin embargo, en algunos experimentos lo he llegado a abordar. Creo que más que buscar soluciones para ayudar a que éstos sistemas mejoren (que no es mi papel, porque sino sería urbanista o sociólogo), mi trabajo surge como una respuesta a lo que estoy viviendo y a mis propias ideas sobre la realidad que me está tocando vivir. A partir de ahí me expreso. Y si en un momento determinado considero necesario hablar sobre cierta parte de la realidad de una ciudad, es con el objeto de colocar los ojos de todos sobre ese punto. Hay cosas que parecen tabú y algunas veces uno tiene que levantar ámpula para que las personas vinculadas con esos temas despierten. Quién sabe si para mejorar o para empeorar la situación actual. Pero no me gusta quedarme con los brazos cruzados.

4. Otro tema que parece hilvanar muchas de tus obras es una colisión, muchas veces violenta, entre realidades opuestas (efímero/perdurable, popular/institucional, exterior/interior, existente/nuevo, etc.). ¿Qué papel juegan estas relaciones dicotómicas en la formulación conceptual de tu obra?

La complejidad es la que reina. Creo que esas dualidades dejaron de funcionar hace mucho tiempo y el sistema tiene miedo de avanzar hacia el siguiente paso: entender la complejidad y vivir en ella. Y esto no es nuevo, estamos hablando de algo muy sobado. Mi trabajo se sitúa en esa realidad. Creo que estamos en un momento en el que lo bonito y lo feo dejaron de existir.

5. Una de tus obras más conocidas y de alguna manera más “arquitectónicas”, es “Paracaidistas”. Has comentado que causó gran indignación entre los arquitectos. ¿Cuál crees que sea el principal motivo de este disgusto?

La obra toca tabúes absurdos y arcaicos: qué es arquitectura y qué es arte; qué es bonito y qué es feo (volvemos a esas dualidades). Creo que es absurdo no tener una mentalidad abierta cuando frente a nuestros ojos se muestra una ciudad en la que alrededor del 50% de la arquitectura (y me estoy viendo muy conservador, seguro es algo más cercano al 80%) no es realizada por arquitectos formados. Creo que es tiempo de aprender algunas cosas de los sistemas que durante generaciones han probado su éxito. Claro que es importante mencionar que eso es lo que buscaba el proyecto: levantar ámpula y que se colocaran los temas sobre la mesa. No se si se cerraron más o si ahora están más abiertos a este tipo de interacciones (libertad). Eso sí, mi granito de arena fue puesto.