Salvajes / Savages

En el siguiente texto, nuestro amigo y músico Wilfrido Terrazas habla acerca de algunos momentos relevantes de su intensa relación con la obra del compositor y arquitecto griego Iannis Xenakis, figura emblemática del panorama musical del siglo XX. Más acerca de WT y sus proyectos musicales en www.myspace.com/torrehomerica

In the following text, our musician friend Wilfrido Terrazas writes about some relevant moments of his intense relationship with the work of the greek composer and architect Iannis Xenakis, one of the key figures of the twentieth century musical landscape. For more on WT and his musical projects, please visit www.myspace.com/torrehomerica


SALVAJES
Wilfrido Terrazas

En el año 2002, fui parte de la organización de un modesto Festival Xenakis en mi ciudad de origen, Ensenada, Baja California, México. Entre los invitados estuvieron el percusionista estadounidense Steven Schick (cuya magnífica versión de Rebonds todavía recuerdo con asombro) y el compositor mexicano, y ex alumno de Xenakis, Julio Estrada. El festival fue una experiencia fantástica. Yo ya estaba interesado en la música de Xenakis desde hacía varios años, pero encontrarse con interpretaciones en vivo de su música en México no es, desafortunadamente, nada fácil. Desde entonces, mi interés por la música de Xenakis ha seguido creciendo. Para este festival, le pedí a un amigo cercano, Felipe Orensanz, arquitecto y fiel admirador de Xenakis por mérito propio, que preparara una pequeña exposición con algunos diseños xenakianos representativos. Felipe reunió algunas imágenes importantes y con ellas armó cuatro o cinco carteles. Las imágenes eran tan poderosas como la música. Mi amigo quería que transmitieran tanta información como fuera posible, así que las completó poniendo al pie de cada cartel una cita de Xenakis. Una de esas citas tuvo un impacto particularmente fuerte en mí. Intentaré una traducción al español aquí:

Soy un salvaje, y mis obras son chorros de salvajismo. La capa de civilización es extremadamente tenue en mí. No soy un hombre civilizado.

Años después, descubrí que esta cita fue tomada de una de las últimas entrevistas que Xenakis concedió, y que le fue hecha por Bruno Serrou en 1997 (B. Serrou. Iannis Xenakis. L’homme des défis. París: Cig’Art, 2003, p. 61). ¿Cómo es que fue a parar a uno de los carteles de mi amigo, a un año antes de su publicación final? No tengo idea. Pero, como mencioné, tuvo un fuerte impacto en mí. Uno se puede acercar a la música y al pensamiento de Xenakis de muchas maneras. Están sus ideas humanísticas y filosóficas. Están sus relaciones con las matemáticas y con las ciencias naturales. Sin embargo, para mí, nada de esto explicaba completamente la energía y la singularidad de su música. Después de que leí esta cita, entendí a qué se refería: el salvajismo como un producto crudo de la naturaleza. Ahora ya podía entender por completo mi interés en su música. La música de Xenakis es la única cosa que conozco que, a pesar de ser producida por humanos, puede ser percibida como un fenómeno natural. Ésa sí que era una idea estética con la que me podía identificar completamente: la música como una fuerza de la naturaleza. Al entender esto, me convertí en un salvaje también y lo sigo siendo hasta este día.


SAVAGES
Wilfrido Terrazas

In 2002, I was involved in the production of a very modest Xenakis Festival in my hometown of Ensenada, Mexico. Among the guests there were percussionist Steve Schick (I still remember his remarkable version of Rebonds) and Mexican composer and former student of Xenakis’ Julio Estrada. The Festival was a fantastic experience. I had been interested in Xenakis’ music for some years by then, but coming across live performances of his music in Mexico is, unfortunately, not easy. From then on, my interest in Xenakis’ work has kept on growing. For this small Festival, I asked a close friend of mine, Felipe Orensanz, an architect and an admirer of Xenakis himself, to prepare a small exhibit with a few representative Xenakian designs. He collected several significant images and put them together in four or five posters. The images were as powerful as the music. My friend wanted them to convey as much information as possible, so he gathered a few Xenakian quotes to complete the images. One of those quotes made strong impact on me. I’ll try an English translation here:

I’m a savage, and my works are spurts of savageness. The layer of civilization is extremely faint in me. I am not a civilized man.

I found out years later that this was taken from one of Xenakis’ last interviews, made by Bruno Serrou in 1997 (B. Serrou. Iannis Xenakis. L’homme des défis. Paris: Cig’Art, 2003, p. 61). How did it end up in one of my friend’s posters, a year prior to its final publishing? I have no idea. But, as I mentioned, it made a strong impact on me. One can approach Xenakis’ music and thought in many ways. There are his humanistic and philosophical ideas. There are his relationships with mathematics and the natural sciences. However, to me, this didn’t fully explain the energy and uniqueness of his music. After I read this quote, I knew what he meant: Savageness as a raw product of nature. Now I could fully understand my interest in his music. Xenakis’ music is the only thing I know that, in spite of being produced by humans, can be perceived as a natural phenomenon. Now there was an aesthetic idea that I could completely identify with: Music as a force of nature. I became a savage too, and remain so to this day.